Se repantigó en la silla. El guiso de carne había estado exquisito, y acompañado con abundante vino de frutas. No se podía pedir más. Se sintió un poco culpable, de modo que se que levantó e hizo ademan de recoger las cosas. La mujer sonrío "deja, sabes que no me cuesta nada hacerlo, mejor vete al sillón a descansar un poco de lo que has comido". Le agradeció sinceramente sus palabras y le obedeció. "¡que bien vendría fumarse ahora una pipita1" Pero ella no permitía fumar adentro, pues aborrecía el olor del tabaco. Salir afuera tampoco se podía: estaba nevando mucho."Bueno no se puede tener todo" pensó y se acomodó en el sillón, entrecerró los ojos y se alegró por enésima vez de su buena suerte.
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